• Exceso de conexión

    La trampa de la hiperconexión
    Vivimos saturados de información y estímulos, consultando el móvil decenas de veces al día, pero cada vez más desconectados de nosotros mismos. Buscamos bienestar y sentido como quien acumula teorías, sin permitirnos el silencio necesario para experimentarlos. La mente promete control y claridad, pero a menudo solo genera ruido. El problema no es pensar, sino identificarnos con cada pensamiento y olvidar la presencia, ese espacio donde el tiempo deja de oprimir y la prisa revela su carácter ilusorio.

    Lo urgente no siempre es lo importante
    Corremos de tarea en tarea, respondemos mensajes sin pausa y confundimos productividad con plenitud. Al final del día, persiste la sensación de vacío, no porque falte algo, sino porque sobra distracción. Nos enseñaron a hacer y lograr, pero no a estar: a sentir el cuerpo, a mirar sin interpretar, a habitar el momento sin querer optimizarlo. Lo esencial no grita; susurra, y solo se escucha cuando nos detenemos.

    Practicar la lentitud como transformación
    La lentitud no es popular, pero toda transformación profunda ocurre despacio. El amor real, la confianza, el aprendizaje y la consciencia se construyen sin prisa, lejos de resultados inmediatos y validación externa. El despertar no llega con gestos espectaculares, sino con presencia cotidiana y repetida: atención sencilla, constante, sin expectativas grandilocuentes. Es en ese tiempo lento donde lo profundo echa raíces.

    Pequeños gestos de presencia
    Basta una pausa diaria para empezar: unos minutos de silencio, observar la respiración y preguntarse qué necesita cuidado hoy para no desconectarse. Luego, un gesto coherente y pequeño que lo refleje. No se trata de cambios drásticos, sino de elegir presencia con intención. Detenerse no es perder tiempo; es crear el terreno donde surge la claridad. En un mundo adicto a la velocidad, pausar es un acto de amor propio y una forma silenciosa de despertar

  • Vencerse a uno mismo: la revolución que empieza desde dentro

    Todos hablamos de superación, pero pocos entienden que el mayor obstáculo no está fuera, sino dentro. No son las circunstancias, ni el trabajo, ni la falta de tiempo. Eres tú. Tu mente desordenada, tus hábitos automáticos, tus excusas que suenan razonables.
    La victoria personal no llega por inspiración divina: llega por disciplina, por autoconocimiento y por enfrentar lo que más te incomoda

    Conocerse: la verdad que casi nadie quiere mirar

    El coaching, la terapia y cualquier camino de crecimiento tienen un punto de partida brutalmente sencillo: mirarte sin filtros.
    No la versión editada para redes. No el personaje que interpretas para caer bien. Sólo tú, con tu luz y tus sombras.

    Conocerte no es un acto místico: es un ejercicio de inteligencia emocional. Implica detectar cuándo te saboteas, qué historias te cuentas para justificarte y qué patrones repites aunque te destruyan.
    Y sí, duele. Pero también libera. Porque la claridad siempre pesa menos que la confusión.

    Aceptarse: no para rendirse, sino para avanzar

    Aceptarte no es conformismo. Aceptarte es asumir tu punto de partida con honestidad quirúrgica.
    No puedes entrenar un core fuerte si no sabes cuánto te cuesta sostener tu propio peso. No puedes desarrollar fuerza emocional si niegas tu fragilidad.

    La aceptación es el mapa.
    La acción es el camino.

    Cuando te aceptas, dejas de luchar contra lo que eres y comienzas a trabajar con ello. Y ahí empieza la transformación real.

    Terapia: la herramienta que te aterriza y te impulsa

    Todavía hay quien cree que ir a terapia es “para los que están mal”. La realidad es que la terapia es para los valientes, para quienes ya se cansaron de repetir la misma vida con distinto calendario.

    Un proceso terapéutico sólido:

    • Reorganiza tus pensamientos.
    • Desactiva patrones emocionales no saludables.
    • Potencia tu resiliencia.

    Mejor descanso, menos inflamación, más energía.

    El cerebro también es músculo, y trabajarlo cambia todo.

    El cuerpo como aliado: ejercicio físico, fuerza y presencia

    Vencerte a ti mismo no ocurre sólo en la mente. También —y sobre todo— en el cuerpo.

    El movimiento es terapia.
    El pilates te enseña a sentirte.
    El ejercicio físico te demuestra que puedes más de lo que creías.
    La fuerza te da una confianza que no se puede fingir.

    Entrenar tu core no es una moda: es anclarte al centro, literalmente. Esa estabilidad física se traduce en estabilidad mental. Quien fortalece su cuerpo fortalece su criterio, su presencia y su capacidad de actuar sin temblar.

    Vencerse a uno mismo: un acto radical

    Vencerse a uno mismo no es luchar contra tu esencia, sino contra tus limitaciones aprendidas. Es desafiar tus narrativas, reconstruir tu cuerpo y reeducar tus emociones para que trabajen a tu favor.

    No es fácil. No es rápido.
    Pero es la única victoria que realmente cambia tu vida.

    Hoy no necesitas motivación. Necesitas decisión.

    Tu transformación empieza cuando dejas de buscar atajos y empiezas a construirte desde dentro.

  • Emprendimiento: la clave para iniciar con éxito

    Por qué emprender no es un camino en solitario

    Emprender siempre se presenta como un acto de valentía individual, pero la realidad muestra otra cosa: los proyectos que más rápido crecen suelen tener acompañamiento profesional. Contar con un mentor o asesor no significa perder el control, sino ganar perspectiva, seguridad y claridad en cada decisión. Los emprendedores que aprenden a apoyarse en alguien con experiencia evitan errores costosos y aceleran su aprendizaje.

    Ventajas de tener un buen asesor para tu negocio

    • Un asesor o acompañante en el emprendimiento ofrece múltiples beneficios:
    • Claridad estratégica: ayuda a diferenciar entre gastos estratégicos y costos innecesarios.
    • Toma de decisiones inteligente: aporta experiencia para evaluar riesgos y oportunidades.
    • Aprendizaje acelerado: enseña métodos para organizar un plan de negocio efectivo y ajustarlo según resultados.

    Apoyo emocional: proporciona motivación y respaldo en momentos de incertidumbre o frustración.

    Recuerdo a Susana, una emprendedora con la que trabajé, que confesó que su mayor aprendizaje fue darse cuenta de que pedir ayuda no es señal de debilidad, sino de inteligencia y previsión.

    Cómo empezar a buscar acompañamiento

    Si estás considerando emprender, busca profesionales o instituciones que ofrezcan:

    • Mentoría personalizada.
    • Talleres de planificación estratégica.
    • Coaching empresarial y emocional.
    • Redes de emprendedores y soporte continuo.

    Un acompañante adecuado puede ser tu aliado más valioso, ayudándote a construir un negocio sólido y sostenible mientras mantienes tu equilibrio personal. Por eso existe el programa ELEVATE

  • Descubre el Poder del Coaching Interpersonal

    Hay momentos en la vida en los que sentimos que todo está “bien” desde fuera, pero por dentro algo no encaja. Así estaba yo cuando decidí probar el coaching interpersonal: con trabajo estable, amigos, rutinas… pero con la sensación de no estar realmente conectado conmigo mismo. La primera sesión fue como mirarme en un espejo, uno distinto al del baño de cada mañana. Este reflejo no mostraba peinados ni arrugas, sino emociones, creencias y patrones de comportamiento que llevaba tiempo ignorando.

    Lo más revelador no fueron las respuestas, sino las preguntas. “¿Qué parte de ti estás dejando de escuchar?” me dijo mi coach en aquella primera sesión. La pregunta me desarmó. No buscaba que yo diera una “respuesta correcta”, sino que me atreviera a escucharme con honestidad. A partir de ahí entendí que gestionar emociones no significa reprimirlas, sino reconocerlas y darles un lugar saludable en mi vida.

    Con el tiempo, empecé a notar cambios muy concretos: aprendí a comunicarme mejor con las personas que quiero, a poner límites sin sentir culpa y a reconocer cuándo el estrés me estaba pasando factura. No era magia ni terapia rápida, era un proceso consciente de tomar las riendas de mi mundo interior. Y aunque al principio me parecía difícil “parar para sentir”, poco a poco descubrí que ese espacio de pausa era mi mejor inversión.

    No soy el único que lo ha experimentado. Una amiga me confesó que gracias al coaching pudo enfrentarse a una decisión profesional que llevaba años posponiendo. Un compañero de grupo comentó que había logrado reconciliarse con su hermano después de años de distancia. Cada historia es diferente, pero todas tienen algo en común: el poder transformador de escucharse y dejarse acompañar. Estudios como los de la International Coaching Federation avalan este impacto, mostrando cómo el coaching mejora la autoconfianza, la comunicación y la gestión emocional en el día a día.

    Hoy miro hacia atrás y me sorprende pensar cuánto tiempo viví con el piloto automático encendido. El coaching interpersonal me enseñó que no se trata de cambiar quién eres, sino de conocerte mejor y aprender a relacionarte de forma más sana contigo mismo y con los demás. Y si tuviera que resumirlo en una sola idea sería esta: cuando gestionas tus emociones, recuperas tu libertad.

  • Pilates: La Clave para Mejorar tu Postura y Reducir Estrés

    Mi primera clase: del escepticismo a la sorpresa

    Cuando entré a mi primera clase de pilates lo hice con cierta desconfianza. Recuerdo que llegué con la espalda cargada después de una semana intensa de trabajo, y mientras colocaba la esterilla pensaba: “Esto será solo estiramientos tranquilos”. Pero en cuanto comenzamos con los primeros movimientos de respiración y control abdominal, me di cuenta de que aquello era otra cosa. Al terminar, sentí como si me hubieran quitado un peso de encima, literalmente. Esa noche dormí profundamente, y entendí que el pilates no era solo ejercicio, sino una forma de reconectar con mi cuerpo.

    Lo que hace diferente al pilates

    Lo que me fascinó desde el inicio fue la precisión de cada ejercicio. Recuerdo un día en que el instructor me corrigió la postura en el clásico hundred (ese movimiento en el que levantas las piernas y bombeas los brazos mientras respiras). Me parecía imposible aguantar, pero al aprender a activar el core de la manera correcta, descubrí una fuerza interna que nunca había sentido. Y es que así es el pilates: no busca que hagas más repeticiones ni que levantes más peso, sino que realices cada movimiento con conciencia.

    No es casualidad que estudios como el de Harvard Health Publishing respalden sus beneficios para mejorar la postura y reducir dolores de espalda.

    Una disciplina para todos los niveles

    Una de las cosas que más aprecio es lo adaptable que resulta. He visto cómo principiantes empiezan con movimientos sencillos, como aprender a respirar y estabilizar la pelvis, mientras que los más avanzados realizan ejercicios con fluidez impresionante.

    Un ejemplo inspirador fue Marta, una compañera que llegó con miedo porque llevaba años sin hacer deporte. Empezó solo con la versión más básica de los ejercicios, y hoy, meses después, domina secuencias completas que antes parecían imposibles. Esa es la magia del pilates: siempre hay un nivel para ti, sin importar tu punto de partida.

    Si eres principiante, puedes comenzar con:

    Programa CORE

    Ejercicios básicos de respiración

    Sesiones cortas de 20-30 minutos, 2 o 3 veces por semana.

    Acompañar con estiramientos suaves al final de cada práctica.

    Voces que inspiran

    No soy el único que lo dice. En mi grupo de pilates hay testimonios que hablan por sí solos:

    Jorge (corredor aficionado): “Desde que hago pilates he reducido lesiones y mejorado mi rendimiento en maratones.”

    Ana (trabaja muchas horas de pie): “Mis piernas ya no se sienten pesadas al final del día.”

    Lucía (buscaba aliviar el estrés): “El pilates me dio una hora de paz mental que no encontraba en ninguna otra actividad.”

    Cada uno encuentra un beneficio distinto, pero todos coincidimos en algo: salimos de clase con la sensación de haber cuidado de nosotros mismos.

    Mi conclusión

    Hoy puedo decir que el pilates es mucho más que un entrenamiento; es un recordatorio constante de que disciplina no significa rigidez, sino amor propio. Me ha enseñado que se puede ser fuerte sin tensión, flexible sin forzar, y consciente sin dejar de disfrutar.

    Si estás pensando en empezar, mi consejo es simple: prueba una clase sin expectativas. Deja que tu cuerpo y tu mente experimenten.

    Quizás descubras, como yo, que el pilates no solo fortalece músculos, sino también la manera en la que enfrentas tu día a día.

  • ¡Hola mundo!

    Bienvenido a Unalome, una asociación sin ánimo de lucro que nace de la pasión de dos personas comprometidas con el bienestar integral. Creemos en la importancia de escuchar al cuerpo, a la mente y al corazón como pilares esenciales para una vida plena. Nuestro objetivo es ayudar a mejorar la vida de las personas, tal como hemos logrado transformar las nuestras. Todos los beneficios generados se reinvierten en el fortalecimiento de nuestro proyecto, permitiéndonos seguir ofreciendo apoyo y recursos que acerquen a cada individuo a su mejor versión. Nos motiva el deseo de compartir nuestro conocimiento y experiencia, contribuyendo así a un tejido social más saludable y consciente.

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